8 mar. 2017

Mecenazgos: Experiencia de uso

Hoy toca una entrada para comentar mi experiencia participando en mecenazgos. El primero en el que participé fue hace ya unos cuantos años, y desde entonces he participado en unos cuantos más. Al tiempo escribí una entrada con algunas sugerencias de lo que en mi opinión, debería y no debería hacerse en un mecenazgo, que para mi siempre ha tenido más de inversión empresarial que de herramienta de promoción o máquina de merchandising exclusivo. Vamos, que buscar inversores es algo que se ha hecho toda la vida en muy distintos ámbitos.

Como es de esperar en esta vida, ha habido experiencias buenas y malas. Por fortuna, la primera fue muy buena y eso me animó a seguir. Porque después han venido otras que prefiero olvidar. Y tras este 2016 me he dado cuenta de que los únicos mecenazgos en los que participaría serían continuaciones de otros previos, en forma de suplementos y contenidos adicionales  (y aun así, no todos). Así que, voy a tratar de explicar mis conclusiones.

Para mi un mecenazgo es un medio para que alguien pueda sacar adelante ese proyecto al que lleva años dando vueltas, tanto si ha intentado lanzarlo por medios convencionales como si no. El problema de esto, es que genera una línea muy difusa con la preventa y la exclusividad. 

Preventa, porque los productos de muchos mecenazgos muchas veces no están disponibles una vez finalizan, excepto por las tiendas que hayan participado, que suelen ser pocas y no siempre fácilmente accesibles. Si estás interesado en el producto, te obligan a participar en un intérvalo de tiempo que normalmente suele ser 40 días (aunque hay casos de 20), en los que no siempre estás disponible o tienes efectivo para participar. Este es un concepto que hay gente que parece no entender: Muchas veces, cuando se discute el precio de un juego alegando que 100 euros es caro y se rebate diciendo que el conjunto de básicos de otro supone una cantidad superior, no se entiende que ese conjunto pueda llegar a ser pagado de forma fraccionada entrando dentro del presupuesto mensual de cada uno, mientras que el mecenazgo te puede pedir soltar 100 euros de golpe que no siempre tienes. Para mi es un problema porque como digo, te fuerza a participar si no quieres quedarte sin él.

Lo cual me lleva al segundo punto, que es la exclusividad. Las tiendas son una solución para quien no puede entrar un mecenazgo, pero no siempre. Algunos proyectos presentan el material durante el mecenazgo con ciertos contenidos exclusivos. Debo confesar que en la mayoría de los casos son chorradas que no despiertan en mi ningún interés, como por ejemplo aquellos que se afanan a vender páginas o aventurillas de 4-5 páginas como si fuesen diez veces más largas, o más ilustraciones. Pero en otras ocasiones este material adicional si puede ser interesante: Tablas de referencia, una batería de personajes pregenerados o incluso una pantalla (que suele ser el premio gordo). Generalmente se desbloquean mediante metas adicionales que se usan como incentivo para participar, quedándote sin ellas si prefieres comprarlo en tienda o a posteriori. Porque como digo, la economía no siempre está boyante para soltar ciertas cantidades de golpe. Y además hace que las tiendas sean reticentes a participar, porque no pueden competir en ventas con las condiciones que ofrece el mecenazgo.

No entro aquí a valorar el merchandising adicional que generan algunos juegos, que la verdad tampoco me suele interesar. A lo sumo quizás unos dados personalizados, pero dependiendo del precio. Aunque hay una excepción en la que si lo valoro, pero para no participar en el proyecto, que es cuando éste se financia mediante merchandising convirtiendo al producto principal en casi un mero accesorio. Por suerte no son muchos los que he visto de este tipo, pero los hay. Y parece que necesitasen de dos mecenazgos separados (uno para el producto y otro para los accesorios).

El boom de los últimos dos años con los mecenazgos ha llevado a que haya varios activos a la vez, en la misma o distintas plataformas. Entonces empiezas a sumar... y los números se te terminan de ir del todo. Luego están ciertas fechas realmente críticas que te impiden directamente plantearte nada que no sea llegar a fin de mes. El límite de 40 días técnicamente está para subsanar este problema, pero de nuevo, otro concepto que no se entiende es que cuando pasas un mes jodido para comer, en cuanto cobras la paga del siguiente es para recuperarte de lo que has pasado... no para fundírtelo en los 2-3 proyectos de mecenazgo que hay abiertos.

En este sentido, la competitividad entre mecenazgos es incluso más brutal que la que pueda haber en tiendas o con una distribución más convencional, porque compites en esa franja de 20-40 días en la que tienes que darlo todo sí o sí, porque si no has conseguido cumplir tu objetivo cuando el mecenazgo se acaba, ya no hay vuelta atrás. Y por supuesto, esto también fastidia a las tiendas.

Luego, una vez participas en el mecenazgo, llega la espera. Y en algunos casos, la incertidumbre. Cuando el mecenazgo termina y se cobra el dinero recaudado, ciertamente es un alivio para el autor, que ha conseguido lo que se proponía: Financiación para sacar adelante su obra. Y esta frase es importante, porque algunos autores transmiten la sensación, sino directamente dicen de tapadillo, de que para ellos realmente lo único importante es el dinero y que una vez se tiene en el bolsillo... lo otro ya saldrá cuando tenga que salir.

Hay gente que va con la verdad por delante cuando se producen los contratiempos. Es muy fácil mandar correos informando cuando todo va bien, pero cuando las cosas se tuercen también hay que asumir responsabilidades. Participaría antes en un proyecto de gente honrada que se preocupa por sus mecenas tanto como por su trabajo aunque se retrase diez años, que no en uno estrictamente puntual hecho sin asumir la responsabilidad adquirida para con los mecenas y el trabajo al finalizar el mecenazgo. Porque aquí todos somos humanos: Enfermamos, tenemos problemas, tenemos otras responsabilidades, compromisos... Todo esto ES lo normal, pero actuar a la chita callando como si no pasase nada no lo es.

Cuando por fin tienes entre manos lo que has pedido, es cuando puedes comprobar si aquello por lo que pagaste al tiempo es lo mismo que has recibido. No os voy a engañar: En el 90% de los casos las expectativas no solo se cumplen sino que se llegan a superar. Pero en ese 10% restante hay de todo. Algunas cosas son tan sangrantes que hacen que según recibas lo pagado, lo dejes en una esquinita de la estantería o en alguna carpeta escondida del ordenador para no recordarte que las pifiado y encima palmando dinero. En ese 10% hay un poco de todo: Desde gente que te jura y perjura que el libro ha sido corregido antes de ser publicado cuando la cantidad de erratas supera los límites de cualquier control de calidad estándar al que sea sometido; hasta gente que dice haber testeado debidamente un sistema de reglas que tu grupo de juego revienta en cinco minutos porque tiene fallos que se ven a simple vista.

Como personas que somos, lo malo suele dejar una mella más profunda y duradera que lo bueno. Porque lo bueno además, tiende a durar poco. Y claro, ese 10% puede hacer que ciertos proyectos en los que no tienes claro el participar se conviertan directamente en un No. Si le sumamos los factores económicos o de disponibilidad anteriores, la cosa se complica todavía más. Nos encontramos por ejemplo ante las reticencias a participar en proyectos que no sean de gente conocida, o que no tenga una presencia contrastada en redes sociales. O gente que si el proyecto no está terminado y se puede leer, no participa en él por miedo a que le den gato por liebre. Seamos sinceros: Este tipo de debates no se daban cuando empezaron los mecenazgos, pero después de tantos años a la gente le pasa cosas buenas y cosas malas, y se vuelve mucho más selectivo con los sitios donde gasta el dinero.

Por último, en esta tanda de experiencias, la última a comentar es que la oferta de mecenazgos junto con la tradicional hace que haya mucho de todo y poco tiempo para ponerlo en práctica. Hay proyectos que no me llaman no porque estén mal planteados o porque me parezca que tienen mala calidad; sino simplemente porque los miro, miro lo que tengo en las estanterías y lo que de todo eso llega a la mesa de juego y pienso: Y que hago yo con esto... Recomendaría a quienes quieran plantear un proyecto que piensen antes si no están lanzando algo de lo que ya hay mucho en el mercado. No por no hacerlo, sino por dar un respiro a los posibles mecenas.

Y esto son experiencias, ahora saco conclusiones: Mucha oferta, pero con poco margen de tiempo para decantarse o siquiera plantearse participar en ella, tanto por motivos económicos como por amortización. A ello le uno que ese pequeño porcentaje de resultados insatisfactorios me ha quitado totalmente las ganas de esperar durante meses para ver como queda la cosa. En suma, mi interés en los mecenazgos se ha reducido a aquellos que realmente voy a aprovechar, y en los que siendo menos, puedo plantearme ahorrar algo de dinero para tener preparado cuando se lancen. Generalmente, este interés es para suplementos de juegos que ya tengo, y aquí entra otro factor que no es exclusivo de mecenazgos pero igualmente es importante para mi, que es la continuidad y el apoyo que recibe un juego tras ser lanzado.

Lo voy a decir con claridad: Cada día detesto más los juegos que salen muertos, por muy buenos que sean. Vas a jugar a cualquier sitio y es un coñazo porque la gente apenas los conoce ni de oídas, y es reticente a jugar a algo que no ha generado ni un triste chascarrillo por ahí. Luego, ves aquellos que tienen apoyo en forma de ayudas, aventuras y demás; y tú te enfrentas a un juego en el que tienes que hacerlo todo por ti mismo. Ey, no me importa hacerlo de vez en cuando, pero usar el DIY como excusa para lanzar un juego a medias o que no va a tener suplementos porque ni están ni se les espera... Pues con la tremenda oferta que hay, igual me voy a por el juego de al lado que es parecido y sí está recibiendo apoyo.

3 comentarios:

  1. De acuerdo en general con todo. A mí lo que más me molesta es cuando incluyen un montón de stretch goals irrelevantes pero caros, porque el precio de estos extras suele ir repercutido sobre el propio producto principal.

    ResponderEliminar
  2. Pues estoy de acuerdo con esta valoración Pero en mi caso me parece que todo es correcto. Los mecenas españoles están adquiriendo algo de lo que carecían en los primeros años de mecenazgo: criterio. Y eso crea una criba que repercute (no siempre, claro) en una mayor calidad en el mercado.

    No veo donde esta lo malo :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo malo son algunos de los cabreos que te pillas en el proceso...

      En cualquier caso, espero que además de calidad, haya también algo más de paciencia. Y diversificación, pero bueno... eso ya, es otra historia.

      Eliminar